Naves espaciales en el universo de Akasa Pupsa

Cristóbal Pérez-Castejón Carpena
 

Uno de los aspectos más fascinantes del universo de Akasa-Puspa es el número y la diversidad de naves espaciales que se dan cita en el mismo. Desde los relativamente simples veleros de luz de la Utsarpini y la Hermandad a las sofisticadas naves dotadas de impulso hiperlumínico de los colmeneros, uno puede encontrar prácticamente todos los tipos de navío interestelar concebidos por el ingenio humano. A continuación haremos un breve resumen de las características más destacadas de algunas de ellas.

Cabalgando el viento del sol: Veleros de Luz

Akasa-Puspa es un cúmulo globular en el que las estrellas se encuentran literalmente "amontonadas" en apenas un volumen de 150 años luz de diámetro. La cantidad de fuentes de radiación es tal que en ocasiones resulta difícil distinguir la noche del día. En estas condiciones, no es de extrañar que la nave estándar para la colonización y la expansión por el interior del cúmulo fuese el velero solar. El principio básico en el que se apoya es bien sencillo. Cualquier estrella emite hacia el exterior un flujo constante de fotones y otras partículas. Un velero solar se basa en que este flujo, llamado "viento del sol", puede ser recogido en una vela y utilizado como medio de propulsión. En efecto, aunque carente de masa, la luz sí que tiene momento cinético. Y ese momento puede ser transferido a la vela, generándose un impulso. El empuje que genera este sistema es minúsculo, del orden de millonésima de newton por metro cuadrado expuesto a la presión de la radiación. Pero tiene la ventaja de que es constante y gratuito, y puésto que en el espacio no existe rozamiento, cualquier velocidad adquirida mediante este procedimiento permanecerá así casi indefinidamente. Una nave propulsada por una vela de fotones es capaz de ir saltando entre las estrellas del cúmulo globular sin necesidad de combustible. Además, resultan relativamente baratas de construir: todas las tecnologías implicadas están actualmente a nuestro alcance. Es lógico, pués, que el navío de guerra normalizado tanto de la Utsarpini como de la Hermandad sea el velero de fotones.

Sin embargo, estos veleros tienen algunos inconvenientes. En primer lugar, son naves que solo funcionan en el espacio: son necesarias instalaciones orbitales para poder transbordar la carga útil desde la superficie del planeta. En el caso de Akasa-Puspa, éste no es un inconveniente grave, puésto que todos los planetas del sistema están dotados de ascensores espaciales (las llamadas "babeles"), que permiten el transporte de personas y mercancías desde la superficie del planeta a la órbita geosíncrona con un coste mínimo. En segundo lugar, la presión que genera la luz es muy reducida y disminuye conforme nos alejamos del sol según una relación cuadrática: la máxima eficiencia solo se consigue en la parte interna del sistema solar. Son naves de baja aceleración, y por tanto con tiempos de tránsito y maniobrabilidad reducidas: en "Mundos en el abismo" se explica como la Purandana, la nave insignia de Khan Karole habría necesitado dos días para completar con éxito una maniobra de aproximación a otra nave que pretendía emparejarse a ella. En la misma obra, la Vajra necesita más de 35 minutos para apuntar sus armas contra un velero enemigo. Es evidente que cualquier confrontación espacial en una nave de estas características precisa de unos nervios especialmente templados para enfrentarse a las largas pausas entre las acciones.

Para aprovechar mejor la presión de la radiación, la respuesta más evidente es utilizar la máxima superficie de vela. Pero eso supone utilizar un velamen del orden de hectáreas... lo que dificulta enormemente su gestión. Especialmente problemática puede resultar la aparición de ondas estacionarias, debidas a cambios de gradiente local en la presión recibida. También resulta difícil el cambio de orientación de la nave y es necesario un tipo de material extraordinariamente fino y reflectante para su construcción. Por último, la navegación solar tiene sus propias peculiaridades. Por ejemplo, solo proporciona aceleración hacia el exterior del sistema, en dirección contraria a la fuente de luz que proporciona el impulso. En principio, esto no es un problema: una nave que se dirija hacia el sol tiene que frenar su velocidad para entrar en una órbita más baja y una nave que abandone el sistema solar tiene que aumentarla para escapar de la atracción gravitatoria de la estrella. Los problemas aparecen cuando se quiere cambiar bruscamente de dirección o navegar acelerando en contra de la presión de la radiación: para eso es necesario utilizar algunas estrategias especiales, incluyendo la posibilidad de plegar o cambiar la orientación de una vela de kilómetros cuadrados de superficie. Esta necesidad es especialmente importante en el caso de que el velero necesite atracar en una instalación espacial.

¿Cómo se ha enfrentado la tecnología de la Utsarpini a estos problemas?. Como dijimos al principio, las condiciones en el interior del cúmulo son especialmente favorables para este tipo de navegación. La Vajra, por ejemplo, es capaz de conseguir aceleraciones del orden de centésima de g. que es un valor altísimo para un velero de estas características. Su sistema de impulsión está constituido por doscientas velas solares dispuestas como los pétalos de una flor. Estas velas están formadas por un material superligero aluminizado, de dos micras y media de espesor y cinco kilómetros de radio. Las velas son desplegables mediante un sistema sumamente ingenioso. Inicialmente, están contenidas en dos anillos que rodean la parte anterior y posterior del casco de la nave. Para desplegarlas, el anillo empieza a girar... y la fuerza centrífuga se encarga de soltarlas y mantenerlas tensas, evitando así las oscilaciones parásitas derivadas de un flujo irregular de radiación. La rotación de la nave proporciona así mismo gravedad al casco principal, imprescindible para los largos periodos de navegación inherentes a este tipo de viajes. En condiciones de combate, existe un embrague que permite detener el giro del cuerpo de la nave manteniendo la rotación del soporte de las velas, de modo que se pueda apuntar y disparar cómodamente el armamento . La maniobrabilidad del velero se consigue modificando en las direcciones adecuadas los paneles de las velas, que son rotativos respecto de su eje principal, como las aspas de un helicóptero. Por otra parte, la capacidad de cambiar la orientación de las mismas a voluntad tiene unos usos partícularmente interesantes. Por ejemplo, curvando ligeramente los paneles puede construirse una antena parabólica de 10 Km. de diámetro que permite recoger las señales radioeléctricas procedentes de una fuente remota con una importante ganancia. El mismo principio se utiliza para convertir al velamen en un eficacísimo colector solar (que forma parte indispensable del sistema de soporte vital) o incluso en un sistema de armamento (recuérdese el ataque a la manada de Juggernauts en "Hijos de la Eternidad").

Pese a todo, no puede decirse que sea un sistema exento de inconvenientes. La rotación que tensa las velas y proporciona gravedad artificial genera también un momento de giro que estabiliza por efecto giroscópico el desplazamiento: sacar a una nave como la Vajra de su trayectoria es francamente complicado. Y modificar la actitud de los paneles a la velocidad suficiente como para poder generar un impulso diferencial (imprescindible para la navegación) requiere vencer la inercia de los mismos... puésto que aunque estamos hablando de un material finísimo, del orden de micras de espesor, tampoco podemos olvidar que tiene cinco kilómetros de radio y una superficie inmensa. Por último, es necesario tener en cuenta las peculiaridades de la navegación solar. En efecto, con un velero solar, tenemos una fuente de radiación central (la estrella del sistema en el que nos encontremos) y un sistema para captar esa radiación que produce impulso a partir de la presión recibida. Supongamos que queremos utilizar esta fuente de impulso para navegar en sentido contrario a la fuente de radiación. En el espacio no existe rozamiento, por lo que no se puede navegar dando bordadas, como en un velero terrestre, en contra del viento. Pero sin embargo, podemos utilizar otra fuerza mucho más importante: la gravedad. De este modo, aprovechando el tirón gravitatorio de un planeta el velero puede acelerar teniendo al sol a favor y permanecer en caída libre cuando la radiación frontal impida el impulso. De este modo se puede ir ganando poco a poco velocidad o incluso cambiar bruscamente de trayectoria. Pero es un sistema lento y poco eficaz si no se dispone de un planeta que proporcione un ancla gravitatoria a nuestra navegación.

Para solucionar estos problemas, los veleros solares de Akasa-Puspa son en realidad naves mixtas: utilizan la vela solar para desplazarse en condiciones favorables, pero están también dotadas de un impulsor de masas como propulsor auxiliar. El principio de funcionamiento es bien sencillo: se coge cualquier tipo de materia, se la reduce a un polvo ultrafino, se ioniza o se convierte en un plasma y se inyecta en un acelerador lineal en el que unos campos eléctricos convenientemente dispuestos la impulsan a una enorme velocidad fuera de la misma. Si la velocidad de salida es lo suficientemente alta, éste es uno de los sistemas de propulsión no nucleares más eficientes que pueden concebirse. El impulsor de masas de la Vajra es una espiga de dos kilómetros de longitud que se utiliza básicamente para las maniobras de aproximación planetaria (resulta difícil atracar en una babel llevando desplegados 30.000 metros cuadrados de vela solar) o como impulsor de emergencia, puésto que la aceleración que proporciona es varios ordenes de magnitud superior a la de las velas. El inconveniente es que precisan masa de reacción: se necesita cargar combustible para el impulsor, que a su vez incrementa el peso de la nave, que a su vez disminuye su capacidad de aceleración. De aquí que sea necesario llegar a un compromiso con su empleo. Normalmente se utiliza solamente para escapar de la órbita de un planeta (donde las escasas aceleraciones de la vela solar penalizarían con un retraso de semanas la operación) o en condiciones de emergencia en las que es necesario conseguir un tiempo de respuesta más rápido que el de los paneles.

Existe sin embargo otra alternativa: la utilización de un "sol" artificial en forma de rayo láser extraordinariamente intenso y estrecho. Este procedimiento tiene la ventaja de que proporciona una aceleración constante e independiente de la trayectoria, incluso frente a la presión de la radiación solar. Además, soluciona también el problema de la baja intensidad del viento de partículas en el sistema solar externo, haciendo factible la vela de fotones como nave interestelar. Como inconvenientes, que la aceleración que proporciona el láser es proporcional a su potencia e inversamente proporcional a la masa de la nave. Si queremos aumentar la velocidad, es necesario utilizar mas potencia... pero eso se traduce en un incremento del calentamiento de la vela, porque algunos de los fotones que inciden sobre la misma no son reflejados, sino absorbidos, y eso la calienta. El sistema de frenado/aceleración mediante láser con base asteroidal es utilizado en los veleros solares que efectúan el transbordo de mercancías con los ricksaws del sistema cadena, al que nos referiremos más adelante.

En conclusión, los veleros solares ofrecen la alternativa más económica posible a la navegación estelar. Son baratos, de una eficiencia increíble (no necesitan combustible para viajar de una estrella a otra), tecnológicamente sencillos y están soberbiamente adaptadas a las condiciones del cúmulo globular. Sus inconvenientes son su baja capacidad de aceleración y su lento tiempo de respuesta a la maniobra, pero si se las dota de un impulsor auxiliar, como en el caso de los veleros de Akasa-Puspa, estos problemas quedan muy minimizados.
 

La fuerza de un imperio: Naves de Fusión

En cierto sentido, las naves del imperio son la antítesis de los veleros de la Utsarpini. Éstas son astronaves adaptadas al medio en el que se desplazan, que no necesitan combustible para viajar entre las estrellas y que pueden ser construidas, mantenidas y gobernadas con un mínimo de tecnología. El imperio, por el contrario, utiliza impresionantes naves de alta tecnología. Donde los veleros son sencillos y manejables por un equipo escasamente entrenada, las naves imperiales necesitan años para adiestrar a sus tripulantes. Donde los veleros cargan con una tripulación numerosa, los navíos imperiales apenas si llevan dotación. Distancias que los veleros pueden tardar meses o años en recorrer son cubiertas por el imperio en semanas. Y todo esto con un nivel de maniobrabilidad que supera al de cualquier otro tipo de astronave en el espacio de Akasa-Puspa

La clave de esta abismal diferencia se encuentra en el desarrollo de la tecnología de fusión nuclear. La antorcha de fusión es, en esencia, una pequeña estrella en el corazón de la nave, en la que los átomos de hidrógeno se funden para dar helio con un enorme desprendimiento de energía. En concreto, el motor de la Vijaya parece ser un reactor de fusión inercial. Funciona inyectando pastillas de deuterio y helio 3 en el núcleo del reactor donde, tras ser comprimidas mediante poderosos haces de electrones concentrados, estallan liberando su energía. La ventaja de esta reacción respecto de la que utiliza deuterio y tritio (empleada en las armas nucleares por ser mucho más fácil de arrancar) es que como subproducto solo da una partícula alfa y un protón, ambos fácilmente manejables mediante campos magnéticos. El inconveniente, que utiliza He3, un isótopo del helio muy raro en la naturaleza pero que puede conseguirse en los gigantes gaseosos. El proceso se repite 250 veces por minuto, por lo que en realidad el impulsor de fusión de una nave de este tipo podría considerarse como un reactor pulsante.

La reacción nuclear (equivalente a la explosión de una minibomba de hidrógeno) es confinada por medio de potentes campos magnéticos dentro de un área restringida del reactor. Estos campos magnéticos sirven también para "dirigir" el chorro de partículas y radiaciones derivados del estallido hacia las toberas magnéticas. Precisamente este chorro de plasma y radiación es lo que convierte a los motores de estas naves en su arma más poderosa.

El impulso que genera el motor se canaliza básicamente de dos modos. Por una parte, el estallido puede "rebotarse" contra un espejo que focaliza la energía desprendida por el mismo, de un modo semejante al que se utiliza en un motor Orion (donde las explosiones nucleares no son producidas mediante mini bombas H, sino mediante bombas atómicas convencionales). Por otra, el chorro de plasma supercalentado puede guiarse mediante toberas magnéticas para su eyección. Por último, podría utilizarse una especie de postcombustion inyectando un chorro de hidrógeno en el plasma super caliente a fin de incrementar la masa de reacción que expulsa el motor e incrementar de este modo su rendimiento.

Las ventajas de esta tecnología son evidentes. La energía desprendida por la reacción nuclear es inmensa: del orden de 10 millones de veces superior a la de un cohete químico, por ejemplo. Aunque buena parte de esa energía debería canalizarse en el mantenimiento de los poderosísimos campos magnéticos que mantienen confinados el plasma, las aceleraciones resultantes son increíbles; el límite de las mismas viene determinado por la tolerancia biológica a la aceleración, que se cifra en torno a 10 g. En cualquier caso, estas naves son capaces de mantener aceleraciones sostenidas de 1g durante semanas, lo que les permite una velocidad punta que ronda la mitad de la velocidad de la luz. Con tan altas velocidades y los efectos relativistas derivados de las mismas, el tránsito entre estrellas dentro del cúmulo globular, (que recordemos, tiene 150 años luz de diámetro) es una cuestión de años, en vez de las décadas o los siglos de otros sistemas.

Además, la maniobrabilidad de la nave ya no está comprometida por la existencia de una fuente de radiación impulsora, como en el caso del velero solar. Las naves de fusión ya no necesitan describir lentas órbitas de aproximación/aceleración/frenado, sino que pueden utilizar órbitas hiperbólicas rápidas. Esto acorta todavía más los tiempos de tránsito y, sobre todo, les proporcionan una maniobrabilidad envidiable que las hace prácticamente insuperables en combate abierto salvo para otras de su tipo

Otra consecuencia de tal superávit de energía es que cualquiera de estas naves de guerra puede montar más baterías de mortíferas armas de partículas y láseres (tanto ofensivas como de defensa de punto antimisil) que cualquiera de las de sus más próximos rivales. Y eso además del formidable poder destructivo de sus toberas, en las que el haz de plasma concentrado mediante campos magnéticos puede convertirse en una arma extraordinariamente precisa y destructiva a una gran distancia.

El exceso de impulso se traduce también en una mayor ergonomía. Los habitáculos de la tripulación y el equipo que la nave puede cargar ya no están limitados por el impulsor, como en el caso de una vela solar en el que la aceleración y por tanto su capacidad de maniobra dependen de la masa total del navío. Así se da la curiosa paradoja de que las naves que tienen que pasar menos tiempo entre las estrellas son las más confortables, mientras que las que tienen que arrastrarse durante meses entre los soles, además son sumamente incómodas al haber tenido que llegar a un compromiso entre confort y capacidad de maniobra/tiempo de tránsito.

Por último, el motor de fusión permite salir del pozo de gravedad sin necesidad de utilizar las babeles, lo que confirió al imperio un gran poder frente a la Hermandad

Sin embargo, no todo van a ser ventajas. En primer lugar, el reactor de fusión es muy vulnerable. En efecto, un fallo de unos microsegundos en los campos de contención y la nave se convertirá en una bola de plasma en expansión. Los sistemas de control del reactor deben estar dotados de redundancia múltiple y aun así, son partículamente sensibles, especialmente a los pulsos electromagnéticos derivados de las explosiones nucleares y que pueden dañar fatalmente su sofisticada electrónica de control. De hecho, en "Hijos de la Eternidad", la destrucción de la fragata Javiyah provocó una reacción termonuclear descontrolada que dió lugar a la pérdida de dos fragatas más y dos destructores.

Además, las naves de fusión son muy caras. Por el precio de una sola nave de fusión pueden construirse muchos veleros de fotones... con el agravante de que el entrenamiento de la tripulación de un velero puede realizarse en un periodo de tiempo reducido, pero en el caso de una nave de fusión dura años. Además, la tecnología de fusión no se limita solamente al núcleo del reactor, sino que precisa así mismo de una base informática y electrónica poderosa.

Otro importante problema procede de las enormes velocidades desarrolladas. Para un velero solar, el flujo de partículas procedente de las estrellas entre las que navegan es una bendición, pues le ceden su impulso e incrementan su velocidad. Sin embargo, para un navío que se mueve a velocidades superiores a un décimo de la velocidad de la luz, la colisión con la más insignificante partícula de polvo puede suponer una catástrofe. En efecto, aunque la partícula de polvo estuviera en reposo, su velocidad relativa respecto de la nave seria de 0.1c y su energía cinética equivalente a la de la explosión de una bomba de fusión. La simple colisión reiterada con átomos a estas velocidades podría suponer la erosión del casco y la muerte de la tripulación debido a la radiación desprendida de los choques. Para protegerse contra estos efectos, las naves del imperio están dotadas de un escudo ablativo de berilio que va "barriendo" las diferentes partículas que se encuentren en el camino de la nave antes de que colisionen con el casco y un campo magnético deflector para proteger a la tripulación contra la radiación y que apartará de la ruta de la nave aquellas partículas cargadas con las que pudiera llegar a encontrarse. Curiosamente, la presencia de este fenómeno de erosión hace que la forma de estos navíos, que en principio podría ser cualquiera, en la práctica tenga que ser lo más aerodinámica posible, a fin de minimizar la superficie presentada al flujo virtual de partículas lanzadas a un porcentaje significativo de la velocidad de la luz que pueden encontrarse en su trayectoria. También están dotadas de baterías láser destinadas a volar cualquier cuerpo de cierto tamaño que pudiera interponerse en la trayectoria del vehículo. El problema en este caso no seria tanto la destrucción como la detección del mismo: a un décimo de la velocidad de la luz, el tiempo de reacción esta considerablemente reducido y solo podría encomendarse con alguna posibilidad de éxito a sistemas informáticos muy evolucionados.

Estas enormes velocidades también afectan a las comunicaciones. El primero, y más importante, viene determinado por la propia naturaleza del sistema de impulsión: resulta muy difícil emitir ningún tipo de radiación a través del escape de un motor de fusión. Para conseguir comunicarse con el planeta de origen sería necesario, bien remolcar una antena fuera del radio de influencia del escape, bien detener momentáneamente el mismo, siempre que eso sea posible, con el fin de transmitir y recibir información.

El segundo problema de las comunicaciones sólo se presenta cuando la nave se está desplazando a velocidades relativistas. En este momento, el corrimiento doppler de las señales de telecomunicación se hace bastante importante. Se puede pensar en compensarlo en el caso de la portadora, pero para la información modulada puede ser un problema crítico. Especialmente porque el corrimiento no es constante, sino que varia con el valor instantáneo del vector de impulso de la nave.

Este mismo problema aparece también en relación a la navegación. En efecto, la transición a efectos relativistas desfigura completamente el aspecto de las estrellas que rodean a la nave: las que están al frente experimentan un corrimiento al azul, las que quedan detrás, un corrimiento al rojo. A velocidades elevadas puede ser bastante complicado el establecer la correlación entre los tipos estelares detectados y los tipos estelares reales de las estrellas de referencia.

Por último, el propio mecanismo de dilatación temporal que hace más llevadero el viaje, al hacer más lento el paso del tiempo en la nave, es un arma mortal contra la comunicación

Sin embargo, la mayor desventaja que presentan estas astronaves es su necesidad de cargar ingentes cantidades de combustible como masa de reacción. Su capacidad de aceleración es un arma de doble filo, pués si bien le permite alcanzar velocidades altísimas, luego las penaliza con la necesidad de disminuir dichas velocidades en un proceso de deceleración que también consume combustible. Las misiones deben planificarse cuidadosamente, puésto que el tiempo de tránsito ya no depende de la velocidad máxima teórica sino de la cantidad de combustible que la nave pueda cargar. La relación masa-empuje determina que para alcanzar más velocidad hay que cargar más combustible, pero para acelerar ese combustible adicional hace falta más combustible y así sucesivamente. Hay dos soluciones posibles a este problema: el empleo de contenedores de reavituallamiento, como en el caso del viaje de la III flora a la Esfera que aparece en "Hijos de la Eternidad", o bien hacer las naves capaces de reabastecerse en los planetas gaseosos. En efecto, éstos son ricos en hidrógeno y helio 3, lo que los hace especialmente aptos como estaciones de servicios. La Vijaya, la nave del imperio que visita la Esfera en "Mundos en el abismo", es una nave de este tipo, preciadísima en tanto que tienen una autonomía no limitada por el combustible sino por la durabilidad de sus componentes (especialmente el escudo antierosión) y el cansancio de la tripulación. En cualquier caso, los enormes depósitos de hidrógeno forman parte integrante de cualquier nave de este tipo y son una de las áreas más vulnerables de las mismas.
 

Astronaves sin motor: los rickshaw

La creación de un imperio a través de distancias estelares, aun siendo tan reducidas como las que pueden encontrarse en el cúmulo de Akasa-Puspa, plantea sus propios problemas. La expansión y colonización puede llevarse a cabo sin demasiados problemas mediante velas de luz. El control militar de las colonias se puede encomendar a una flota más o menos reducida de astronaves de fusión capaces de atajar cualquier posible sublevación en un plazo de tiempo reducido. Pero según vimos más arriba, estas astronaves son caras. Y los veleros, que son económicos, no resultan partícularmente adecuado para el transporte de mercancías. Esto conduce a una autarquía en la que el comercio entre las colonias interestelares se ve severamente restringido. Con vistas a solucionar este problema se monto el Sistema Cadena. El mismo es de una sencillez conceptual pasmosa. Supongamos que tenemos cuatro colonias que deseamos interconectar. Cada una de las cuatro colonias esta separada un año luz y están situadas en los vértices de un cuadrado. La idea era crear un circuito comercial entre las mismas. El tiempo de tránsito entre un sistema y otro es de cuatro años a 1/4 de la velocidad de la luz. Pero si se envían cuatro naves, el tiempo de llegada entre envíos será de apenas un año. Si son 8 seis meses y así sucesivamente. Incrementando la velocidad también se puede reducir el número de naves para una periodicidad determinada: a 0,5 c serian necesarias solo 4 naves para que llegase un envío del planeta madre cada seis meses.

El eje del Sistema Cadena era el rickshaw, una astronave no tripulada construida por cientos de miles de unidades. Básicamente consistía en un cilindro hueco de aluminio de 1 Km. de longitud y extremos redondeados (derivados de su sistema de construcción mediante modelado de un plasma de aluminio mediante campos magnéticos en el vacío) preparado como vagón de carga para transportar mercancías entre sistemas estelares. Carecía de propulsores y se movía por la simple fuerza de la inercia a un cuarto de la velocidad de la luz.

Puesto que por razones de coste los rickshaw no tenían impulsores (salvo motores ionicos de control de actitud), para acelerarlos a su elevada velocidad final se eligió un propulsor lumínico semejante al de las velas, pero basado en otro principio. A lo largo de la trayectoria se utilizaron láseres de alta potencia montados en asteroides. El rickshaw originariamente estaba repleto de hidrógeno a alta presión: la energía suministrada por los láser lo calentaba y le proporcionaba impulso. Una vez acelerados a su velocidad final, el rickshaw ya no precisaba de ningún tipo de impulso de aceleración adicional, permaneciendo en ese estado indefinidamente.

Los láser también jugaban un papel importante en el transporte de las mercancías de y desde el rickshaw. En efecto, el símil perfecto es que con este sistema era necesario abordar un tren en marcha que se movía a una fracción significativa de la velocidad de la luz. Para acelerar la carga hasta esas velocidades, se utilizaron los láseres de propulsión focalizados sobre velas de luz. El mismo procedimiento se utilizaba a la inversa para decelerar las cargas en el punto de partida.

De este modo, cuando alguien tenia que transportar un contenedor desde A hasta B, simplemente lo conectaba a una vela solar, lo llevaba a la terminal láser y esta lo propulsaba hasta igualar velocidades con el rickshaw. Una vez allí, el ordenador central estibaba la carga y proseguía su ruta. Llegados al punto de destino, el ordenador desestibaba el contenedor, desplegaba su vela solar y lo soltaba: el láser asteroidal del punto de destino debía de frenarlo para que pudiera ser recogido por naves convencionales y distribuido por el sistema.

Al no ser naves tripuladas los requerimientos de protección de una de estas astronaves eran considerablemente menores que los de una nave convencional. Sin embargo, tenían los mismos problemas de protección que las naves de fusión frente a la erosión interestelar. Para evitarlos utilizaban un sistema de campos magnéticos barredores que deflectaban las partículas cargadas que pudieran encontrarse en su ruta combinados con una defensa láser encargada de destruir los blancos más grandes.

El último problema de diseño del rickshaw era como cambiar de trayectoria una nave de 1 Km. de longitud que se mueve a una fracción de la velocidad de la luz sin utilizar masa de reacción. La solución escogida fue la utilización de un sistema de propulsión electrodinámico. Para ello, cuando la nave tenia que cambiar de dirección se desplegaban unos enormes cables cargados eléctricamente mediante la energía suministrada mediante paneles fotovoltaicos. En estas condiciones, la energía eléctrica que circula por el cable interacciona con el campo magnético que rodea a una estrella y genera una fuerza propulsiva.

El único inconveniente serio del Sistema Cadena es que es una empresa que debe abordarse a muy largo plazo, con unas inversiones iniciales altísimas que no empiezan a ofrecer rendimiento hasta pasadas décadas o incluso siglos, dependiendo de la longitud de la cadena propuesta. Esto era un freno natural de su expansión y la principal fuente de problemas para su desarrollo, a pesar de las enormes ventajas inherentes al mismo.
 

Viajando entre las galaxias: Estatocolectoras

Akasa-Puspa es el paraíso de los viajes espaciales. Estrellas apiñadas en una región del espacio reducida. Babeles en cada planeta concebidas para abandonar el pozo de gravedad sin un gasto energético excesivo. El universo en el que nos ha tocado vivir es mucho más duro: la distancia de la Tierra al sistema estelar más cercano es de más de cuatro años luz, cuatro veces la distancia de la expedición de la III Flota a la Esfera. Ninguna de las naves de las que hemos hablado hasta el momento seria capaz de cubrir esa distancia de un modo efectivo. Las únicas que tendrían alguna posibilidad serian las antorchas de fusión del imperio, pero seria un viaje sin retorno pués la cantidad de combustible que tendrían que cargar para acelerar a una velocidad que hiciera el viaje de una duración soportable para la tripulación es inimaginable. Pero si existe una solución al problema: utilizar una nave estatocolectora basada en el llamado motor Bussard

Una estatocolectora se basa en que el llamado vacío interestelar no está, en realidad, tan vacío. En efecto, la densidad de materia en el espacio entre dos estrellas viene a ser, aproximadamente, de un átomo por centímetro cúbico, principalmente hidrógeno. El esquema presentado por Robert W. Bussard en 1960 proponía la utilización de ese hidrógeno como combustible y masa de reacción de una nave espacial. Para ello se utilizaría una draga magnética, capaz de recoger los átomos presentes en una vasta zona y conducirlos hasta el reactor de fusión que actúa como impulsor y fuente de energía del vehículo.

Este esquema de funcionamiento determina dos de las características de diseño más importantes del motor Bussard: una gran área de barrido frente a la nave, para acumular el mayor numero posible de átomos y una velocidad mínima de funcionamiento que se cifra en torno al 1% de la velocidad de la luz. En efecto, cuanto mayor sea la velocidad, mayor será la cantidad de materia capturada por la draga y mayor, por tanto, el aporte de combustible que ingresa en el motor: la densidad relativa del hidrógeno se incrementa hasta alcanzar un punto en el que la reacción nuclear es autosostenida. Es necesario por tanto un impulsor adicional que lleve la nave hasta esa velocidad, a partir de la cual estaremos en disposición de encender el motor interestelar propiamente dicho. El problema del frenado resulta bastante más peliagudo. En efecto, otra de las características a tener en cuenta en una estatocolectora es que su motor principal sólo funciona en la dirección de movimiento de la nave. Es decir, son naves que solo poseen capacidad de aceleración, no de frenado, lo que ciertamente resulta inaceptable. La mejor solución pasa por la utilización de motores separados para la impulsión principal, el sistema de frenado y el sistema de guía.

El combustible básico de la estatocolectora es el hidrógeno interestelar que la nave recoge mediante un campo magnético. Debido a la baja densidad del medio, este campo debe cubrir un área inmensa: del orden de decenas de miles de kilómetros, y ser de considerable intensidad. Además, sólo una pequeña fracción del hidrógeno presente está en forma ionizada... la única susceptible de ser conducida por un campo magnético hasta la boca del colector.

Para resolver este problema, se han propuesto dos soluciones: El empleo de un láser de ionización. generando varios conos anidados de luz coherente por delante de la nave o la utilización de campos magnéticos pulsantes de enorme intensidad para interactuar con la materia no ionizada a través de efectos magnetohidrodinámicos. Un campo del orden de un millón de Gauss podría interactuar con el momento magnético que generan los electrones al girar en torno al núcleo, lo que a su vez permitiría la manipulación del átomo en cuestión.

El núcleo de la estatocolectora lo constituye su reactor de fusión autosostenida. Sin embargo, esta reacción plantea algunos problemas interesantes con respecto al modelo clásico al que nos hemos referido más arriba. En primer lugar, la energía se obtiene por fusión del deuterio, un isótopo del hidrógeno con un protón y un neutrón en el núcleo. El deuterio, uno de los elementos primarios procedentes del Big Bang, es relativamente escaso en la naturaleza: sólo uno de cada 6.700 átomos de hidrógeno corresponden a esta forma isotópica. En el enrarecido medio interestelar este problema puede incluso resultar más acuciante, si cabe.

La ventaja de la fusión del deuterio es que tiene lugar a unas temperaturas relativamente bajas comparadas con las de la fusión del hidrógeno normal (protio). El inconveniente es que como subproducto de algunas reacciones se producen neutrones, partículas sin carga que no pueden ser manejadas mediante campos magnéticos como sucedía con los subproductos de la fusión del deuterio con helio 3. Es necesaria la utilización de un material de recubrimiento del reactor que absorba esos neutrones, como por ejemplo el boro o grafito. Estos materiales acaban "calientes" y sería necesario cambiarlos al final del viaje. Una estrategia que permitiría eliminar parte de este problema seria utilizar la draga para extraer combustible del medio interestelar, pero no quemarlo en una reacción autosostenida, sino almacenarlo y utilizarlo para generar impulso mediante una reacción pulsante, parecida a la que describimos al hablar de las naves de fusión. Esto permitiría a su vez solucionar el problema del frenado, porque la nave podría invertir la dirección de sus motores principales y utilizarlos para decelerar o para moverse en desplazamientos locales intrasistema quemando el combustible almacenado. La Konrad Lorenz se basa en este principio

La capacidad de una nave estatocolectora de incrementar su rendimiento conforme aumenta su velocidad las hace partícularmente adecuadas para el tránsito entre sistemas a velocidades relativistas. El perfil típico de una misión de este tipo consta de las siguientes fases.

Lanzamiento desde el planeta madre. Seria preferible que en esta fase se dotara a la nave de una alta velocidad inicial, bien mediante impulsores láser o mediante impulsores magnéticos

Aceleración primaria. La duración de esta fase viene determinada por la aceleración máxima que soporte la estructura de la nave y por la necesidad de abandonar el área de influencia del sistema solar de origen, para minimizar la posibilidad de colisión con cualquier tipo de escombros.

Encendido del estatocolector. A partir de este punto, resulta más y más barato acelerar: el rendimiento de la nave mejora hasta que se mueve relativamente cerca de la velocidad de la luz, en cuyo caso comienza a empeorar. Este es el momento en el que la nave pasa a propulsarse a partir del hidrógeno interestelar, ahorrando combustible para el sistema de impulsión secundario. Durante esta fase del viaje la tripulación se ve afectada por los efectos relativistas de la contracción temporal, que disminuye la duración del viaje.

Activación del sistema de frenado. A medio camino (antes, si los motores de frenado tienen menos rendimiento que el motor principal), debe desconectarse la propulsión principal, activándose los motores de frenado.

Desconexión del estatocolector: activación de la impulsión secundaria. A una determinada distancia del punto de destino, cuando la velocidad caiga por debajo del punto crítico de la reacción autosostenida, la propulsión principal se desconectará automáticamente.

Frenado con el sistema secundario. Dependiendo del tipo de perfil de misión seleccionado, frenaremos con mayor o menor intensidad buscando un equilibrio entre las necesidades de disminuir el tiempo de tránsito y la aceleración máxima que puede ser soportada por la tripulación.

¿Qué características debe poseer el sistema de soporte vital de una nave preparada para desarrollar un viaje de estas características ?. En primer lugar, durante la mayor parte del viaje la nave estará bajo aceleración. Si consiguiésemos mantener un valor constante de una gravedad durante la mayor parte del trayecto, eso haría mucho más confortable la estancia: es la solución adoptada, por ejemplo, en el tránsito de la III Flora en la expedición de la esfera. El problema es que en viajes más prolongados la nave acabaría por acercarse tanto a la velocidad de la luz que resultaría imposible mantener constante la aceleración. La solución adoptada en la Konrad Lorenz fue utilizar un perfil de baja aceleración y proporcionar gravedad por rotación. En cambio, las naves sembradoras Von Neumann, destinadas a la terraformacion de los planetas que iban a recibir a la humanidad, al no llevar tripulación podrían utilizar una trayectoria más eficiente de alta aceleración continua.

Además, cualquier nave estatocolectora debe diseñarse, en principio, como una nave generacional. La razón es bien sencilla: los periodos de tránsito entre sistemas solares diferentes son del orden de lustros, incluso contando con la dilatación temporal relativista. Y eso sin tener en consideración los tiempos de tránsito intrasistema, que pueden llegar a ser también bastante prolongados. Por tanto es necesario disponer de algún tipo de ecosistema cerrado autorregulado capaz de proporcionar aire, agua y alimentos a la tripulación para un viaje de años. La Konrad esta montada como un cilindro un cilindro de unos 20 Km de longitud y unos dos de diámetro en cuya cara interna podían encontrarse casas, jardines y parques. La nave esta gobernada por un tandem biológico y cibernético: un ordenador super avanzado (Vidya) que trabaja junto con un delfín modificado genéticamente (Oannes). En cambio las naves sembradoras Von Neumann, son puramente funcionales: un conjunto de grandes esferas de carga protegidas en los extremos por conos de ablación destinados a minimizar la colisión con los escombros.

Como conclusión, la nave estatocolectora ofrece el mejor camino posible para la exploración interestelar. Una vez desarrollado un motor de fusión viable, una sonda basada en esta tecnología tendría una alta capacidad de aceleración, autonomía casi indefinida y no plantearía unos problemas excesivos de protección.
 

Mas allá de los limites del espacio: las naves colmeneras

Una de las razas mas misteriosas y mas interesantes del universo de Akasa-Puspa son, sin duda, los colmeneros. También conocidos como Los Eternos, los colmeneros, al igual que los Exter de Simmons son una raza modificada genéticamente para adaptarse al medio mas duro en el que puede medrar la vida: el vacío interplanetario. Sus naves son fiel reflejo de dicha adaptación. El vehículo estándar de los colmeneros es la nave asteroidal. Parten de una idea sencilla pero poderosa: la mejor nave espacial, sin duda, es algo que ya se mueva por el espacio y no sea necesario acarrear desde el pozo de gravedad de un planeta. ¿Y que mejor opción que un asteroide?. El casco de la nave lo forma el propio asteroide. Ajustando la profundidad a la que se excavaran los habitáculos, el espesor de la piedra que quede por encima proporcionara una excelente protección contra los escapes atmosféricos y contra las perturbaciones procedentes del mundo exterior, especialmente las nocivas radiaciones procedentes de un entorno tan rico en las mismas como el del cumulo globular. Ese mismo espesor hará a la nave inmune a la colisión con cualquier pequeño meteorito, proporcionando un excelente blindaje y una magnifica integridad estructural. Así mismo, dentro de los compartimentos excavados en el núcleo se pueden instalar todo tipo de cultivos y dependencias, y mantenerlos operativos mediante la abundante luz solar que baña el exterior. El material extraído se puede utilizar tanto para regenerar la atmósfera de la zona habitable (con un sistema de soporte vital semejante al que tuvimos ocasión de comentar en el caso de los veleros de luz) como para proporcionar masa de reacción al sistema de impulsión: la nave asteroidal no necesita cargar combustible, simplemente lo extrae de su interior. Toda esta estructura, unida a un reciclado estricto y a la caza de Juggernauts (cuyas migraciones acompañaban), hacen de la nave asteroidal un autentico prodigio de eficiencia y adaptacion a su medio.

El sistema de propulsión estándar es, una vez mas, el ubicuo impulsor de masas. En este caso, como comentábamos mas arriba, doblemente justificado puesto que dicho impulsor no se encuentra con las limitaciones que presentaba en el caso de los veleros solares: la nave carga con todo el combustible que puede necesitar a lo largo de su vida operativa. El precio, por supuesto, es una menor capacidad de aceleración (dentro de la baja aceleración que tiene de por si este sistema). Pero los Eternos pueden tomarse las cosas con tranquilidad. El impulsor de una nave colmenera consiste en una espiga estándar de dos kilómetros de longitud a lo largo de la cual se acelera la masa de reacción. La razón del enorme tamaño de este carril es bien sencilla. La eficiencia de un impulsor de masas viene determinada por la velocidad final de la masa eyectada. Puesto que se basan en el principio de conservación del momento cinético, cuanto mayor sea la cantidad de masa expulsada y mayor sea la velocidad de la misma, mas impulso se transmitirá al resto de la nave. Para esto, la solución mas eficiente consiste en mantener a la materia ionizada el mayor tiempo posible sometida a la influencia de un campo eléctrico acelerador. De este modo, la velocidad final del chorro de escape será altísima y se necesitara menos combustible para conseguir la misma aceleración que con una espiga mas reducida.

Los sistemas de armamento colmeneros están a la par del resto de elementos de la nave. La superficie de un asteroide convenientemente preparado puede incluso soportar el estallido de un ingenio nuclear. Además, el impulsor de masas puede convertirse en un arma muy eficaz con alguna sutil modificación de su diseño básico. En efecto, el motor ionico que hemos comentado mas arriba no es la única alternativa a la hora de plantear un impulsor de este tipo. En lugar de acelerar iones mediante un campo eléctrico, podemos pensar en acelerar masas discretas, del orden de kilogramos, incluso, utilizando las fuerzas de Lorentz y campos magnéticos. En resultado es que la nave recibe impulso de acuerdo con el principio de la acción y la reacción... pero la masa despedida se ha convertido en un proyectil hipercinetico que, convenientemente apuntado, puede hacer muchísimo daño.

Sin embargo, el elemento fundamental de su sistema de armamento se basa en el aprovechamiento inteligente de la energía solar. En efecto, el sistema básico de defensa dentro de la Esfera consiste en focalizar los rayos del sol central en cualquier punto determinado del volumen interno... con unos efectos devastadores. Simplemente la cantidad de energía que es capaz de concentrar un determinado segmento de la esfera es tan enorme que cualquier blanco sometido a la misma simplemente se volatiliza.

Pero las naves colmeneras no son solo interesantes por su eficaz adaptación a la navegación estelar o por sus impulsores de masa. Lo que las hace únicas es su capacidad hiperlumínica: el llamado efecto túnel macroscópico. El efecto túnel cuántico es bien conocido: a partir del principio de indeterminación, se puede conocer la posición o la velocidad de una partícula, pero no ambas magnitudes simultáneamente. Esto se traduce en que muchas partículas subatomicas, en un momento dado, no ocupan una posición definida, sino que se distribuyen en una nube de probabilidad. Ahora bien, el expresar la posición de algo desde un punto de vista puramente estadístico, significa que ese algo puede en realidad ocupar cualquier posición dentro del universo conocido... incluso en la otra punta de galaxia. No significa que este, pero puede estarlo. Aunque la posibilidad de ese fenómeno sea astronomicamente reducida.

El logro de los Eternos en este campo es doble. Por una parte, han conseguido aplicar este principio a todas y cada una de las partículas que forman parte de sus naves. Por otra, han reducido arbitrariamente la remotísima posibilidad del salto a unos valores realistas.. El resultado es que una nave colmenera es capaz de moverse entre dos puntos determinados del espacio en un tiempo nulo, lo que hace de los colmeneros la única raza del cumulo globular capaz de deplazarse a la lejana galaxia madre.
 

Epilogo

La ciencia ficción es un genero por el que el tiempo pasa de modo implacable. Y esto es especialmente cierto en el caso de la ciencia ficción hard, donde tecnologias aparentemente punteras pueden quedar lamentablemente desfasadas en apenas unos años. Precisamente por eso, uno de los grandes logros de la saga de Akasa-Pupsa es lo envidiablemente bien que envejece: parece como si el tiempo hubiera decidido dar la razón a las especulaciones de los autores, reforzando la consistencia de la obra.

Un ejemplo de esto lo tenemos en las velas solares. Desde que el concepto fue sugerido por Tsiolkovsky y Tasander en 1924, la vela solar ha sido una de las grandes metas en la navegación espacial. La posibilidad de disponer de una nave interplanetaria e incluso interestelar que no necesitase cargar combustible ha sido una meta tentadora en la carrera espacial. Sin embargo, los problemas eran enormes. El primero, el bajo nivel de impulso que llevan asociado: con una luminosidad típica de 3,9 1026 watios, el impulso que se recibe en órbita terrestre seria del orden de 7,5 micro newtons por metro cuadrado: para una vela de un millon de metros cuadrados, apenas tendriamos un empuje de unos 8 newtons. Las aceleraciones que pueden conseguirse con estas micro fuerzas son muy bajas: del orden de una centesima a una milesima de g. Y depende fuertemente del peso de la nave, buena parte del cual viene determinado por el propio peso de la vela. En estas condiciones no es de extrañar que este sistema de propulsion pareciese confinado al mundo de la ciencia ficción. Sin embargo, con el desarrollo de plasticos ultrafinos para aplicaciones de aislamiento en semiconductores (Mylar y Kapton por ejemplo) se puso encima de la mesa un material que permitia construir una vela completamente operativa: recubriendo este plastico super delgado (entre 2 y 8 micras) con una pelicula de pocos átomos de espesor de alumio, la vela se transformaba en un material reflectante y extraordinariamente ligero. A partir de ese momento, las expectativas para ese tipo de nave aumentaron. En 1970 se planteo la idea del heliogiro, una vela solar formada por palas como la de los helicopteros a las que la rotación mantenia rigidas: el modelo en el que se inspira la Vadja. La ventaja del heliogiro era su maniobrabilidad mientras que mantenia la ventaja de la ausencia de una estructura rigida. En 1976 el JPL planteo la posibilidad de una sonda basada en una vela solar del tipo heliogiro para una mision de encuentro con el cometa Halley. En 1992 se organizo una regata de veleros solares que al final resulto suspendida, no sin antes dar como fruto un par de prototipos de velas y vehiculos construidos por una universidad canadiense. En 1993, el consorcio ruso "Regata Espacial" desplego el espejo espacial Zanmya, de 300 metros cuadrados, que fue seguido en 1999 por el Znamya 2, que infortunadamente se enredo durante la operación de despliegue.

En la actualidad están abiertos varios proyectos de estudio basados en el empleo de velas solares en combinacion con laser impulsores (otro concepto que también aparece en la obra que estamos comentando para la aceleración/deceleración de cargas en el sistema cadena). El concepto fue propuesto por Robert L. Forward en 1984 y consistia en lanzar una sonda estelar de una tonelada de peso a Alfa Centauri. La vela, de 3,6 Km. de diámetro y construida con un polimero recubierto de aluminio, alcanzaria nuestro vecino interestelar en unos 40 años propulsada por un laser de 10 Gigawatios. La ventaja del laser es su superior capacidad de aceleración y el menor tamaño necesario para la vela: con una aceleración de 0,36 m/seg2 (varios ordenes de magnitud superior a la de una vela solar), esta nave podría alcanzar un décimo de la velocidad de la luz en un periodo de tiempo de tres años. De este modo, se combinan las ventajas de alta velocidad final con la ausencia de combustible que hacen tan atractivas este tipo de naves. Entre los proyectos que se barajan actualmente tenemos un satelite de vigilancia solar previsto para el 2003 y misiones a Marte, al cinturón de Kuiper y al medio interestelar, así como algún modelo de demostracion a lanzar en los proximos años.

Otro sistema de propulsion que funciona actualmente es el impulsor de masas. El mas conocido de los motores de este tipo, el ionico, fue desarrollado en los años cincuenta y utiliza campos electricos para impulsar una masa de reacción de iones de Xenon. Aunque es un motor de bajo nivel de impulso (unos 30 newtons) tiene la ventaja de ser muy eficiente en su aprovechamiento del combustible, porque la velocidad de escape de los gases es muy alta, del orden de 30 Km./seg (comparados con los 5 Km./seg de un motor quimico). En 1998 se lanzo la mision Deep Space 1 con la mision de llevar a cabo una cita orbital con un cometa. Esta nave esta dotada de un sistema de propulsion ionica alimentado por energía solar fotovoltaica muy parecido al usado por algunas naves Angriff de la novela. También se están estudiando otras alternativas mas eficientes que el motor ionico: los motores de efecto Hall, basados en el empleo de campos magnéticos, y los motores plasmadinamicos, como el impulsor inductivo pulsado o el VASIMR

También esta hoy en día en candelero la fusion nuclear. Desde que se desarrollo la energía de fusion con fines militares, halla por los años cincuenta, la humanidad anda en pos de la fusion como fuente de energía limpia y capaz de generar cantidades ingentes de energía para un planeta siempre avido de la misma. En el campo de la propulsion, las ventajas son inmensas: un sistema de este tipo produciria 100 billones de julios por kilogramo de combustible, unos diez millones de veces mas energía que la liberada por un cohete quimico convencional. Con estas cifras, en la fusion nuclear esta sin duda el futuro de la navegación interestelar. Actualmente se están estudiando dos sistemas básicos para generar la fusion: el confinamiento inercial, en el que la fusion de los núcleos ligeros tiene lugar mediante potentes rayos laser, y el confinamiento magnético que utiliza botellas magneticas para mantener confinado el plasma en el que tiene lugar la fusion. Ambos procedimientos utilizan toberas magneticas para orientar las partículas cargadas producto de la reacción y generar impulso. Esta necesidad condiciona el combustible con el que se alimenta al reactor: el mas adecuado es una mezcla de deuterio con Helio 4, precisamente el que se propone en "Hijos de la Eternidad". Sin embargo, es una meta que todavia no se ha conseguido, aunque cada vez nos aproximamos mas: en 1997, en el Toro Conjunto Europeo se genero una reacción de fusion que produjo el 65% de la energía invertida y actualmente existen importantes programas en marcha, sustentados por copiosas subvenciones, en el campo del confinamiento inercial y toberas magneticas.

Las ventajas del sistema cadena también están siendo analizadas por la NASA en el marco de las expediciones a Marte previstas para las proximas decadas. En efecto, una de las alternativas propuestas consiste precisamente en montar una estructura de "transbordadores" en ruta continua entre Marte y la Tierra que actuarian como un tren sobre el que se desplazarian astronautas y pertrechos con vistas a la exploracion del planeta rojo. Estos transportes, como los rickshaws, tampoco se detendrian, sino que mantendrian una órbita en lazo continua entre la Tierra y Marte. Sin dejar el tema de los rickshaws, también se esta evaluando su sistema de propulsion basado en la interacción con los campos magnéticos. En efecto, cuando se mueve un cable por el interior de un campo magnético se genera una corriente en el mismo que puede utilizarse para generar fuerzas propulsivas. Por ejemplo, si se utilizase un hilo superconductor para formar una espira cerrada, las corrientes inducidas mantendrian la forma de bucle y le conferirian rigidez. Manejando su orientacion, pordria generarse un impulso direccional basado en las partículas cargadas procedentes del viento del sol. Así mismo se esta experimentando en cables electrodinamicos para la propulsion espacial sin combustible incluso con aplicaciones practicas para el cambio de órbita de satelites y envio de cargas desde la futura estación espacial internacional.

Por ultimo, existe también un gran interés en el analisis de los cables espaciales, antecedentes directos de las babeles de la obra. En concreto, la NASA ha llevado a cabo en el programa del transbordador mas de 17 misiones relacionadas con cables espaciales, que van desde sistemas de propulsion basados en la tranferencia de cantidad de movimiento al despliegue de cables de mas de 20 Km. acoplados a una carga (como el que se llevo a cabo en 1994 para comprobar el tiempo de vida de un cable delgado a los impactos de micrometeoritos). También se esta investigando en el empleo de cables espaciales formados por muchas fibras, como por ejemplo el utilizado por la Oficina nacional de Reconocimiento estadounidense para unir dos satelites en 1996 por un cable de 5 km, y en el empleo y la investigacion de nuevos materiales, como fullerenos y otros compuestos de carbono, que ofrecerian la resistencia a la traccion mas alta necesaria para el diseño de base de una torre orbital.

Como puede comprobarse, muchos de los elementos planteados por los autores ya son reales hoy en día o se esta investigando muy seriamente. Un valor añadido a la impresionante coherencia y rigor con el que esta planteado el universo en el que se desarrollan estas obras indispensables en el panorama de la ciencia ficción española
 

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© Cristobal Perez-Castejon Carpena, AEFCF "Mundos en la Eternidad" 2000