Toros

Esta noche he vuelto a soñarlos. Negras siluetas, cuernos negros, terribles heraldos en las brumas de mi sueño. Vinieron a mi cuando menos lo esperaba: un segundo después, estaba despierto. La razón me dice: no les escuches. No son nada, solo un sueño. Pero yo se que no es así: en algún lugar de este mundo, alguien de mi familia ha muerto. Lo supe la primera vez que vinieron a visitarme, la noche en que murió mi padre. Entonces pensé que el dormir en el suelo de la sala de espera de un hospital genera extrañas pesadillas. Volví a verlos un mes mas tarde, cuando murió mi tía, la del pueblo. Y después, y después... para que agobiar el recuerdo con los rostros de los que se han ido. Solo una cosa me separa de la locura: nunca veo sus rostros, nunca escucho sus voces en el viento. La Parca solo me envía esos toros negros de azabache, con esos ojos rojos ardiendo. Me dilato en la duermevela, rebullendo inquieto. Si tan solo quizás, esta vez... Oigo a mi madre afanarse en la casa (gracias a Dios, no es ella). Suena el teléfono. Algo dentro de mi se encoge. Reina el silencio. Después un grito desgarrador asciende, el grito de alguien que ha perdido a muchos y aun así se sorprende frente al rostro de la muerte. "Tu prima, tu prima de Barcelona ha muerto". Lagrimas lentas queman mis ojos. Una vez mas, los toros negros han vuelto.
 
 

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